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lunes, 30 de mayo de 2016

¿Soy realmente diferente?

¿Habéis contado cuantas manchitas tiene una mariquita? Y, ahora que hablamos de manchas, ¿creéis que hay mariquitas con una sola motita? ¡Pues sí! Ahora lo veréis.
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Había una vez una mariquita con una sola mancha. Las demás mariquitas no hacían más que mirarla por todos los lados para ver si encontraban otras manchas. Algunas mariquitas se reían de ella y le decían:
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- ¡Márchate de aquí! Eres diferente y no te queremos.
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Así pues, la mariquita herida y apesadumbrada, tuvo que emprender el vuelo hacia lo más profundo del bosque. Y allí, entre la hierba, se escondió avergonzada. En aquel lugar se encontraba un gusano que le preguntó:
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- ¿Qué te pasa, mariquita?
- ¡Oh, gusanito!, es que sólo tengo una motita y como soy distinta de las demás mariquitas, me han dicho que me fuera de su lado.
- Vaya, vaya… Pues yo te encuentro muy hermosa.
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Cerca del lugar, una hormiga muy atareada trajinaba con sus huevas y al ver llorar a la mariquita, le preguntó:
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- ¿Qué te pasa?
- ¡Oh, hormiguita, mi querida hormiguita! Es que sólo tengo una sola motita y como soy distinta a las demás mariquitas, me han dicho que me fuera de su lado.
- Vaya, vaya… Pues yo te encuentro muy hermosa.
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Animada por el gusano y la hormiga, la mariquita decidió volver a su casa e ir a visitar a la vieja mariquita, la más sabia de todas, que vivía en lo alto de un rosal, para preguntarle si realmente era distinta a las demás mariquitas. Decidida, trepó por el tallo del rosal mientras que las otras mariquitas la miraban con curiosidad e incluso algunas se burlaban de ella.
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Ya en lo alto, encontró a la vieja mariquita, la más sabia, sentada en el regazo de una rosa.
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- ¡Decidme, vieja mariquita! ¿Es cierto que soy distinta a los demás? ¿Soy realmente diferente?
- ¿Diferente? – respondió la vieja mariquita - ¡Todo el mundo es diferente! Por mucho que compares, no hay en la tierra dos mariquitas que sean iguales. Y, por cierto, tú eres muy bonita y tu única motita te embellece.
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Entonces, con sus patitas, alzó a la pequeña mariquita de una sola motita para que todas las demás mariquitas contemplaran su gran hermosura. Casi todas sus compañeras se acercaron para admirarla y decirle cosas bonitas referentes a su única motita. La otras mariquitas, aquellas que se habían burlado de ella, tuvieron que esconderse, avergonzadas, debajo de las hojas. Y lo cierto es que se sintieron simples y bobaliconas.
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Gracias a la vieja mariquita, las demás supieron que eran diferentes unas de otras. Y empezaron a volar por el bosque y a comparar sus motitas y se dieron cuenta, sorprendidas, de que ninguna de ellas era exactamente igual a otra. De esta manera, las mariquitas comprendieron que todos somos diferentes, especiales y únicos.
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Y tú, ¿eres realmente diferente?

Autora: © Evelien Van Dort.
Ilustraciones: © Gerda Westerink.


Ellos se ríen de mí por ser diferente,
yo me río de todos por ser iguales.

Kurt Cobain, músico (20-2-1.967, 5-4-1.994)

domingo, 24 de noviembre de 2013

¿Sabes leer?

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P3N53 9U3 D35PU35 DE 74N70 35FU3RZ0 L45 CH1C45 C0M3NZ4R14N 4 L10R4R, P3R0 3N V3Z D3 350, C0RR13R0N P0R L4 P14Y4 R13ND0 Y JU64ND0 Y C0M3NZ4R0N 4 C0N57RU1R 07R0 C4571LL0. C0MPR3ND1 9U3 H4814 4PR3ND1D0 UN4 6R4N L3CC10N: 64574M05 MUCH0 713MP0 D3 NU357R4 V1D4 C0N57RUY3ND0 4L6UN4 C054 P3R0, CU4ND0 M45 74RD3, UN4 0L4 LL364 4 D357RU1R 70D0, S010 P3RM4N3C3 L4 4M1574D, 3L 4M0R, 3L C4R1Ñ0, Y L45 M4N05 D3 49U3LL05 9U3 50N C4P4C35 D3 H4C3RN05 50NR31R.


Aprender a leer es lo más importante 
que me ha pasado en la vida.

Mario Vargas Llosa (1.936), escritor.


lunes, 11 de febrero de 2013

El osito amable

El osito iba corriendo por el bosque.
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- ¡Arriba todo el mundo! – gritaba mientras pisoteaba un montón de hojas secas -. ¿Quién viene a jugar conmigo?
- ¡Yo voy! – contestó el cervatillo, que salió disparado de detrás de unos arbustos.
- ¡Y yo! – dijo sonriendo la ardilla mientras bajaba correteando por un tronco.
- ¡Y yo también! – añadió el conejito, asomándose por la madriguera.
- Si salís a jugar, no os metáis en el río – dijo mamá coneja.
- Tampoco os ensuciéis – dijo mamá ardilla.
- Y no lleguéis tarde – añadió mamá cierva.
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Mientras, el osito se balanceaba en una rama.
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- ¡Vamos a divertirnos! – gritó a sus amigos -. Escondeos, y yo os buscaré.
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El osito y sus amigos estuvieron jugando al escondite toda la mañana. Se escondían en un montón de sitios:
en los agujeros del suelo, detrás de los árboles y entre las ramas. Cada vez se alejaban más de su casa y comenzaban a sentirse cansados.
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Finalmente, el cervatillo, la ardilla y el conejito cayeron rendidos sobre la hierba, a orillas del río. Pero el osito no estaba cansado.
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- ¡Qué sed tengo! – exclamó el conejito.
- Te traeré algo de beber – se ofreció sonriente el osito.
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Se metió de un brinco en el río y comenzó a salpicar agua con las zarpas. Cuando salió del agua, tenía el pelo empapado.
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- ¡Ahí va! Si no podíamos meternos en el río… - recordó el conejito.
- ¡Qué hambre tengo! – refunfuñó la ardilla cuando el osito volvía del río.
- Te traeré unas nueces – se ofreció sonriente el osito.
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Se subió a un árbol que había cerca y al bajar, llevaba ramitas y hojas pegadas en el pelo mojado.
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- ¡Ahí va! Si no podíamos ensuciarnos… - recordó la ardilla.
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El osito quería seguir jugando, pero el cervatillo estaba preocupado. Estaban muy lejos de casa.
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- Será mejor que volvamos o llegaremos tarde – dijo el cervatillo.
- Yo iré corriendo primero para decirles a todos que estáis de camino – propuso el osito.
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- ¿Y si nos perdemos? – preguntó el cervatillo -. Yo no conozco bien el camino.
- Yo sí lo conozco – dijo el osito -. Dejaré mis huellas en el suelo para que podáis seguirlas.
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El osito regresó corriendo, marcando el camino a su paso.
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- ¡Dios mío! – exclamó al verlo mamá coneja -. Estás empapado. Eso significa que os habéis metido en el río…
- ¡Y qué sucio estás! – dijo mamá ardilla -. ¡Mira cómo te has puesto!
- Además llegas tarde, osito travieso – dijo mamá cierva -. ¿Dónde están los demás?
- ¡Estamos aquí! – gritó el conejito saliendo de entre los árboles - . Tenía sed
y el osito se metió en el río para darme de beber.
- Y yo tenía hambre y el osito se ensució al cogerme unas nueces – añadió la ardilla.
- Y regresó corriendo a casa para que no os preocuparais si llegábamos tarde – dijo el cervatillo.
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Entonces mamá coneja, mamá ardilla y mamá cierva dedicaron al osito una gran sonrisa.
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- Bueno, parece que no eres tan travieso – dijeron -. ¡Has sido un osito muy amable!
Texto:  © Jillian Harker
Ilustración: © Caroline Pedler

Sin amabilidad el ser humano
deambula por la vida torpemente.

Doménico Cieri Estrada, escritor (1.954)

jueves, 3 de enero de 2013

No te preocupes, hijo.

Hubo un tiempo
en el que solía mirar los ojos de mi padre.
En un hogar feliz,
yo era el rey y tenía un trono de oro.
Esos días se han ido,
ahora los recuerdos están en la pared.
Oigo los sonidos
de los lugares donde nací.
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Arriba en la colina,
al otro lado del lago azul,
fue donde tuve mi primer desencuentro.
Aun recuerdo cómo todo cambió.
Mi padre me dijo:
“no te preocupes, hijo,
mira al cielo,  tiene un plan para ti...,
deja de preocuparte”.
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© Swedish house mafia
Don´t you worry, child.


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Gobierna tu casa y sabrás cuánto
 cuesta la leña y el arroz;
cría a tus hijos y sabrás
 cuánto debes a tus padres.

Proverbio oriental.