Otra vez lo vuelven a hacer. Nos golpean en lo más profundo de nuestro corazón porque los asesinos quieren defender unas ideas o a una fe retrógrada. Seguiremos creciendo como sociedad, una sociedad de libre pensamiento, una sociedad que cree en la pluralidad, en el cosmopolitismo, en la que cada ciudadano y ciudadana rechaza cualquier forma de totalitarismo. Hoy es un día triste. Mañana despertaremos con más ganas de seguir progresando.
Hay ocasiones, en circunstancias de despiste, falta de atención o simplemente por estar ensimismados con nosotros mismos (¿con quién si no?) nuestro posible interlocutor recrimina nuestra actitud, a modo de darnos un toque de atención, con la conocida frase “estás en la Luna”. Esta frase también tiene sus variantes como pueden ser: “estás en la Luna de Valencia” (no he estado nunca en Valencia, pero supongo que la Luna allí debe tener una vista espectacular), “estás en Babia”, la moderna de telefonía móvil de “estás fuera de cobertura” o la ultranovedosa e inalámbrica de “conéctate a la wifi”.
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No voy a realizar un ensayo sobre las connotaciones y significados de estas frases, pues para eso hay estudiosos del tema y es a ellos a quienes corresponde ese bonito análisis. El título de este comentario está motivado por el cuadragésimo aniversario de la llegada del ser humano a nuestro satélite, la Luna. Para unos, una realidad; para otros, un invento creado por los Estados Unidos en un clima de la llamada Guerra Fría en su particular liderazgo para ganar la partida de la carrera espacial a la extinta URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas).
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Los soviéticos se adelantaron a los americanos en la carrera espacial enviando una sonda espacial, Sputnik I, el 4 de octubre de 1.957, para posteriormente colocar en órbita alrededor de nuestro planeta al cosmonauta Yuri Gagarin (12 de abril de 1.961), a la primera mujer en el espacio, Valentina Tereshkova (16 de junio de 1.963) y al primer ser humano que dio un paseo espacial, Alexei Leonov (18 de marzo de 1.965). Previamente, tanto americanos como soviéticos, habían realizado ensayos enviando animales al espacio para estudiar el comportamiento de seres vivos en un entorno diferente al que hay en la Tierra y así preparar las futuras misiones espaciales tripuladas con humanos.
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Ante estos retos espaciales, hubo que cambiar muchos conceptos en sectores tan importantes como la Física, la Matemática, la Astronomía, la ingeniería y, sobre todo, en las bases educativas. Este último aspecto, el educativo, fue, quizá, el más determinante para que los proyectos espaciales se hicieran realidad, pues para ello se reestructuraron los planes de estudios en todos los niveles educativos para permitir un cambio de mentalidad entre los estudiantes, a los que había que estimular y motivar ante el reto de la conquista del cosmos. Se necesitarían nuevos Tsiolkovky, Goddard, Von Braun, Korolev, etc, y eso significaba inversión, mucha inversión económica y, sobre todo, creatividad para alcanzar el nuevo rumbo tecnológico.
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Quien verdaderamente impulsó a los Estados Unidos a llevar a un ser humano a la Luna fue uno de sus presidentes: John Fitzgerald Kennedy. En el año 1.961, casi un mes y medio después de que el cosmonauta Yuri Gagarin estuviera en órbita terrestre, el presidente Kennedy pronunció las siguientes palabras en el congreso de los EEUU: “Creo que esta nación debe proponerse la meta, antes de que esta década termine, de que el hombre pise la Luna y vuelva a salvo a la Tierra”. Dos años después de pronunciar estas palabras, el presidente Kennedy fue asesinado, por lo que nunca pudo ver su sueño hecho realidad.
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A partir de la declaración de Kennedy, las dos superpotencias del momento se pusieron a trabajar para mantener la supremacía en el espacio, y por supuesto, en la Tierra. Tanto unos como otros tuvieron grandes éxitos, pero también sonados y estrepitosos fracasos, fracasos que además se cobraron víctimas humanas.
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Ocho años después del discurso de Kennedy, los astronautas Neil Armstrong, Edwin Aldrin y Michael Collins despegaron del centro espacial de Cabo Cañaveral (Florida, EEUU) en una nave que inicialmente medía sobre los 110 metros de altura. Dentro de ese enorme cohete estaban ensamblados el módulo lunar, el Águila, que era el artilugio que se posaría en la Luna, y el módulo de mando, el Columbia, que orbitaría alrededor de la Luna para posteriormente recoger al módulo lunar y regresar a la Tierra. En el módulo lunar irían Armstrong y Aldrin, mientras que en el módulo de mando se quedaría Collins.
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Después de poco más de 4 días de viaje, concretamente el 20 de Julio de 1.969, a las 20:17:39 horas, Neil Armstrong pronunciaba, desde la Luna, las siguientes palabras: “Houston, aquí base Tranquilidad. El Águila ha alunizado”. El ser humano había llegado a la Luna.
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Cinco horas y media después del alunizaje, el comandante de la misión Apolo XI, Armstrong, baja la escalinata del módulo lunar y, justo antes de poner su pie izquierdo en la Luna, comunica con la central en Tierra enviando el siguiente mensaje: “Un pequeño paso para un hombre, un gran salto para la Humanidad”. El ser humano había pisado la Luna. En España era 21 de Julio de 1.969, de madrugada, mientras que en los EEUU era el 20 de Julio de 1.969. ¿Por qué? (Dejaré que seas tú quien investigue y contestes a esta pregunta).
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Pocos días después, los tres astronautas volvían sanos y salvos a casa, al planeta Tierra. Después de la preceptiva cuarentena y otras medidas preventivas, los astronautas comenzaron una gira por casi todos los países. ¿Sabes cuál fue el primer país que visitaron Armstrong, Aldrin y Collins? Ni te lo imaginas...
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El primer país que visitaron los astronautas fue España, concretamente un lugar muy conocido por ti y por tu familia: Gran Canaria. Tal cual lo lees. Sí, estuvieron en la isla de Gran Canaria, en el municipio de San Bartolomé de Tirajana, en Maspalomas, en el mes de Octubre del año 1.969, en un hotel recién inaugurado que se llamaba Hotel Maspalomas Oasis, en las habitaciones 113, 123 y 133. Los astronautas estuvieron 24 horas.
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La isla de Gran Canaria tuvo su protagonismo en esta aventura espacial que culminó con éxito, pues desde la Estación Espacial de Maspalomas se controló el ritmo cardiaco de los astronautas (hoy en día los electrocardiogramas de Armstrong, Collins y Aldrin se exhiben en el Centro Espacial de Canarias a los visitantes) y sirvió de apoyo logístico para la misión Apolo XI. Tanto es así que, según las crónicas de la época, la famosa frase de Armstrong “es un pequeño paso para un hombre, un gran salto para la Humanidad” donde primero se recibió fue en Maspalomas, y si nos basamos en los datos del Instituto de Astrofísica de Canarias, "…la voz de Neil Armstrong, el primer hombre que pisó la superficie lunar, llegó clara a Maspalomas (la Estación Espacial que la NASA tiene en Gran Canaria); desde allí la distribuyó por línea telefónica a Las Palmas de Gran Canaria; luego por enlace hertziano en onda corta a Inglaterra, donde enlazaba con el cable submarino que amarraba en Andover y por los circuitos de microondas llegaba a Houston…"
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En la historia de la Humanidad, ha habido y habrán muchísimos hitos, hechos que en un momento eran impensables para el ser humano, pero que con su curiosidad y tesón ha conseguido. Y entre estos muchos hitos de la historia de la Humanidad, la isla de Gran Canaria ha participado de forma activa y con protagonismo (el descubrimiento de América y la llegada del ser humano a la Luna), lo cual coloca a nuestra isla en un lugar privilegiado de la Historia, pese a quien le pese. Por eso, desde este blog, TU BLOG, permíteme enviarles un mensaje a nuestras autoridades, para que cuando se celebre el cincuenta aniversario de la llegada del ser humano a la Luna, muestren más interés y sensibilidad con nuestra historia. El mensaje lo diré utilizando la forma de hablar que tenemos los canarios aunque con ciertos vocablos tecnológicos:"¡Chacho, conéctense a la wifi!".
La noche que Max se puso su traje de lobo y se dedicó a hacer travesuras de una clase y de otra su madre lo llamó <<¡MONSTRUO!>> y Max le contestó <<¡TE VOY A COMER!>> y lo mandaron a la cama sin cenar.
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Esa misma noche nació un bosque en la habitación de Max y creció y creció hasta que había lianas colgando del techo y las paredes se convirtieron en el mundo entero y apareció un océano con un barco particular para él y Max se marchó navegando a través del día y de la noche entrando y saliendo por las semanas saltándose casi un año hasta llegar a donde viven los monstruos.
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Y cuando llegó al lugar donde viven los monstruos ellos rugieron sus rugidos terribles y crujieron sus dientes terribles y movieron sus ojos terribles y mostraron sus garras terribles hasta que Max dijo <<¡QUIETOS!>> y los amansó con el truco mágico de mirar fijamente a los ojos amarillos de todos ellos sin pestañear una sola vez y se asustaron y dijeron que era el más monstruo de todos y lo hicieron rey de todos los monstruos.
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<<Y ahora>>, dijo Max, <<¡que empiece la fiesta monstruo!>>. .
<<¡Se acabó!>>, dijo Max, y envió a los monstruos a la cama sin cenar. Y Max el rey de los monstruos se sintió solo y quería estar donde alguien lo quisiera más que a nadie. .
Entonces desde el otro lado del mundo lo envolvió un olor de comida rica y ya no quiso ser el rey del lugar donde viven los monstruos. Pero los monstruos gritaron <<¡Por favor no te vayas – te comeremos – te queremos tanto!>>. Y Max dijo <<¡No!>>. .
Los monstruos rugieron sus rugidos terribles y crujieron sus dientes terribles y movieron sus ojos terribles y mostraron sus garras terribles, pero Max subió a su barco particular y les dijo adiós con la mano y navegó de vuelta saltándose un año entrando y saliendo por las semanas atravesando el día hasta llegar a la noche misma de su propia habitación donde su cena lo estaba esperando y todavía estaba caliente.
Hoy, y aprovechando que es tu día, quiero escribirte esta carta porque, de verdad, tengo muchas cosas que contarte y agradecerte. Ya ves, son muchos motivos los que me impulsan a coger este bolígrafo, pero el principal es porque TE QUIERO. Te quiero tanto que esta simple carta no puede expresar todo lo que siento en las entrañas de mi corazón, ya que los sentimientos no se pueden revelar en la fragilidad de una simple hoja de papel. Tengo la gran suerte de disfrutar todavía de una madre; otros, desgraciadamente, no. Disponer aún de ti es un privilegio. .
Gracias mamá por darme la vida, pues sin ti no estaría escribiendo estas palabras. .
Gracias mamá por ayudarme a dar mis primeros titubeantes pasos y levantarme cuando me caía. .
Gracias mamá por pasarte noches enteras a mi lado sin dormir, porque me cuidabas cuando estaba enfermo o tenía algún problema. .
Gracias mamá por compartir mis alegrías y arrancarme una sonrisa cuando estaba triste. .
Gracias mamá por poner tu cariñoso hombro para poder llorar en él y compartir mis lágrimas. .
Gracias mamá por estar conmigo cuando te necesitaba y yo no te lo pedía. .
Gracias mamá por enfadarte conmigo cuando hacía algo que estaba mal o llegaba tarde a casa o me rodeaba de malas compañías. .
Gracias mamá por enseñarme a desenvolverme en este difícil camino que es la vida. .
Gracias mamá por compartir mis éxitos y animarme cuando fracasaba. .
Gracias mamá por enseñarme el significado de la palabra amor. .
Mamá... ¡Es tanto lo que quiero decirte! Necesitaría miles de hojas y muchos bolígrafos para escribirlas. Pero sobre todo, mamá, quiero darte las gracias por una cosa: por haber hecho de mí una buena persona. .
.....Gracias por todo, MAMÁ, y muchas felicidades.
.................... Te quiero mucho.
.................... Tu hijo/Tu hija. .
PD: Todavía sigo haciendo a mis hijos/as aquella receta de la tarta que la bisabuela dio a abuela, la abuela te dio a ti y tú me la has dado a mí. ¿Te acuerdas? .
TARTA DE NIÑEZ.
Ingredientes: .
- Litros de espontaneidad y dulzura. - Muchas ganas de jugar. - Miles de fantasías que imaginar. - Sonrisas de ternura: sin medida. - 12 kg de curiosidad. - Gotitas de inocencia de vainilla: al gusto. .
Preparación: .
- A los ingredientes anteriores agregar las miradas de dos ojitos rellenos de picardías y alguna lagrimita. - Dejar reposar la mezcla sobre manitas tibias hasta que sea necesario. - Decorar con 1 kg de ocurrencias de colores, dulces comentarios y un montón de besos golosos. .
Tiempo de cocción: varía según la maduración. .
Sugerencia: no comerla en seguida, darse tiempo para disfrutarla.
¿A quién no le gustaría tener una hija como Mary? ¿Para qué engañarnos? Mi hija Mary es mis manos, mis pies, mi voz, mi amiga, mi confidente, mis muletas... ¡Qué buena es mi hija Mary!
El Maestro sufí contaba siempre una parábola al finalizar cada clase, pero los alumnos no siempre entendían el sentido de la misma.
.- Maestro – lo encaró uno de ellos una tarde -, tú nos cuentas los cuentos pero no nos explicas su significado...
.- Pido perdón por eso. – Se disculpó el maestro – Permíteme que en señal de reparación te convide con un rico durazno.
.- Gracias maestro - respondió halagado el discípulo.
.- Quisiera, para agasajarte, pelarte tu durazno yo mismo. ¿Me permites?
.- Sí. Muchas gracias – dijo el discípulo.
.- ¿Te gustaría que, ya que tengo en mi mano un cuchillo, te lo corte en trozos para que te sea más cómodo?
.- Me encantaría... Pero no quisiera abusar de tu hospitalidad, maestro.
.- No es un abuso si yo te lo ofrezco. Sólo deseo complacerte... Permíteme que te lo mastique antes de dártelo...
.- ¡No maestro, no me gustaría que hicieras eso! - Se quejó sorprendido el discípulo.
.El maestro hizo una pausa y dijo:
.- Si yo les explicara el sentido de cada cuento... Sería como darles a comer una fruta masticada.
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Donde haya un árbol que plantar, plántalo tú. Donde haya un error que enmendar, enmiéndalo tú. Donde haya un esfuerzo que todos esquivan, hazlo tú. Sé tú el que aparta la piedra del camino.
Érase una vez una niña que se sentía furiosa. Estaba tan enfadada que no podía hablar con un tono de voz normal. ¡Sólo gritaba! .
- ¡No quiero cenar! – y apartó el plato con la mano.
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- Muy bien, eso significa que no tienes hambre – dijo su madre -. De todos modos, ya casi es la hora del baño. .
- ¡No quiero quitarme la ropa! – gritó la niña mientras pataleaba. .
- Muy bien, ya te la quito yo – repuso la madre -. La bañera casi está. .
- ¡No quiero bañarme! – vociferó la pequeña, que se escondió detrás de la toalla. .
- Muy bien, pues te meteré yo en el agua – dijo su madre - . Ya deberías estar en la cama. .
- ¡No quiero irme a la cama! – chilló la niña, que volvió a sentarse. .
- Muy bien, entonces tendré que llevarte yo como si fueses un bebé. Ya deberías estar dormida. .
- ¡No quiero dormir! – exclamó la niña, con cara de muy pocos amigos.
- ¡Y yo no quiero escuchar ni un grito más! – chilló la madre. .
- Pues estás gritando – se asustó la pequeña. .
- ¡Es verdad! – la madre sonrió -. ¡Lo siento! .
Y la niña, sonriendo, dijo: .
- Yo también lo siento. .
Y se acabaron los gritos. Ya sólo se oía un suave ronquido de la niña, dormida. .
Todavía hoy, con todo lo que acontece, escucho a demasiada gente justificar porque no lucha. Todavía hoy, con tanto sufrimiento derramado, quedan demasiadas personas indolentes. Excesivas excusas, incomprensible flojera.
“Hombre soy. Nada de lo humano me es ajeno”, sentenció Terencio. Como humano puedo entender el miedo y su capacidad inmovilizadora; puedo comprender que prefiramos cerrar los ojos antes que afrontar la realidad que nos envuelve y hasta soy capaz de concebir que, ante la barbarie, reaccionemos escondiéndonos, casi inertes para no ser descubiertos y rezando: ¡a mí no, qué no me toque a mí!, mientras ruedan cabezas, justo al lado nuestro.
En lo humano, puedo incluso entender que escojamos ser esclavos antes que asumir la responsabilidad de decidir; pero precisamente en lo humano, no alcanzo a resolver que tipo de mecanismo nos puede llevar a permitir, impasibles, el sacrificio de nuestros hijos y su futuro. ¿Qué clase de instinto de supervivencia puede justificar nuestra desidia cuando se juega con el destino de nuestros vástagos? ¿Con qué tripas somos capaces de argumentar nuestro abandono y pasividad a sabiendas de que, con ello, les condenamos a vivir en la más salvaje de las junglas?
El 25% de la población activa española, el 33% de la canaria, ha perdido su empleo y por tanto, se le ha sustraído la posibilidad de decidir si secunda la huelga. Los porcentajes restantes sí tenemos esa posibilidad y podemos ejercerla por nosotros, por ellos y, sobre todo, por nuestros hijos. La historia de las conquistas sociales, la de la consecución de nuestros derechos más básicos, están escritas con tinta de lucha y movilización; nada nos ha sido nunca regalado. Nada se ha logrado jamás desde el lamento pasivo y la inactiva espera a que las cosas cambien por sí solas.
El 64% de los jóvenes canarios está en paro, el 38% de nuestros niños se encuentra bajo el umbral de la pobreza; ese es nuestro presente, pero el futuro se pinta con tonos aún más oscuros: miseria, emigración, trabajo precario y sin derechos.
Esta realidad debería revolvernos; debería hacernos saltar de nuestras adormecedoras sillas, hechas de pavor, inconciencia o excusas.
Tal vez mañana, tu hijo o hija te pregunte: “¿Papá, mamá, y tú qué hiciste?” ¿Qué les dirás?: “¡Tenía miedo! ¡No me enteré, preferí no conocer lo que ocurría!” Quizá podrías responder: “Mira, hijo/hija, me habían reducido el salario, me habían subido los impuestos y los precios, me quitaron la paga extra y yo, en fin, tenía que pagar la hipoteca –o la letra del coche- y no quise que además me descontaran por ir a la huelga; no estaba dispuesto/a a que se quedaran con un solo euro más de mi bolsillo”.
Puede que tu hijo/hija, en ese caso y porque las generaciones siempre mejoran, te responda: “Papá, mamá, ¿te has parado a pensar si todo eso que te quitaron y todo lo que a mí me han despojado fue, precisamente, por evitar perder un poco de dinero? El salario de uno de tus días de trabajo, pudo haber cambiado mi mundo”.
El 14 de noviembre y las veces que hagan falta, muchas mujeres y hombres iremos a la huelga. Cada una/o desde el ámbito que pueda, no trabajando, no estudiando, no consumiendo, …, lucharemos por nuestros derechos y los de nuestros descendientes, pero también por los de aquellas/os que decidieron seguir aferrados a pretextos.